Cuba

Una identità in movimento

¿Son de La Habana?

Omar Felipe Mauri



Identidad en la provincia de La Habana es saber lo que no somos; pero, ¿qué somos?

Tratado y maltratado, llevado y traído: este es uno de los temas mas interesantes y escabrosos de nuestra realidad. Y lo que es mejor: el que mas debate y reflexión ha suscitado entre las instituciones y medios socioculturales y los 667 000 habitantes repartidos en los 5 725 km2 de La Habana: nuestra identidad provincial.

Formada en herradura en torno a la capital, con vías de comunicación y transporte abiertas como varillas de un abanico, y una concepción histórica de unidad-diferencia con la capital, La Habana se reconoce así misma de muy peculiares maneras.

Indudablemente, nuestros habitantes primero se sienten de Güines, San José, Mariel, Bauta, etcétera, y después de La Habana (de provincia Habana, se especifica de inmediato). Nuestro sentido de pertenencia, a lo largo de la historia, nos enraíza a la pequeña ciudad, interior y recoleta, campesina y cosmopolita, dulce y amarga: todo a un tiempo, — pero nuestra.

Sabemos de nuestras diferencias con la capital que a su vez, la sentimos muy propia —, pero al mismo tiempo, nuestras semejanzas son lo que nos hace diferentes de la urbe. Genéricamente somos como dijera Silvio Rodríguez en su canción

"... de donde hay un río, de la punta de una loma, de familia con aroma; de caña, tabaco y frío".

Sin embargo, de uno a otro municipio hay cambios sustanciales y semejanzas increíbles. Para mí, por ejemplo, no hay nada mas distante y semejante que Bejucal y Jaruco, Melena del Sur y Alquízar, al punto que puedo estar en uno creyendo que estoy en el otro. O también, perderme en Guanajay pensando que voy por Güines. Semejanzas en su arquitectura, la tierra, su color y sus frutos; los puentes y sus gentes: solo hay que detenerse a observar. Con perdón del Compay, valga la parodia:

"De Puerto La Güira voy para La Salud, llego a Bauta, y voy para Quivicán".

Quién sabe qué me dirán amigos como Oscar Rodríguez, geógrafo eminente, Miguel Bonera, acucioso investigador de tradiciones, o Francisco Pérez Guzmán, importantísimo historiador, así como otros estudiosos de esta Habana nuestra. En cuántos puntos concordar y discrepar, cuántos merecen aun del examen y la sabiduría, y cuánto de nosotros mismos debemos descubrir y analizar en nuestra condición de habaneros y cubanos.

Porque, de algo sí estamos seguros: La Habana es mucho mas que unas líneas trazadas sobre un mapa. La Habana es infinita cuando se le mira con el corazón.


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