Cuba

Una identità in movimento

Eduardo Saborit: el músico de la Alfabetización

Iraida Calzadilla Rodríguez



Eduardo Saborit, un hombre y su tiempo,
un revolucionario a toda prueba,
un creador que marcó su obra de cubanía
sin espacio a concesiones.

Eduardo Saborit: el músico de la Alfabetización

Eduardo Saborit murió a los 51 años. Un infarto. Muy rápido, apenas 20 minutos. Un rato antes, le había afinado por teléfono la guitarra a su médico y le cantó, junto con Zoila, su compañera, la hermosa canción de La Bayamesa al sobrino Paquito, para dormir al pequeño. Cuando decidió él mismo descansar, tras la fatiga de un día de habituales ajetreos, colocó sobre la mesita de noche el libro Los fundamentos del socialismo en Cuba.

"Adelgazó mucho en ese tiempo, apenas paraba en la casa. Un año antes, durante la Campaña de Alfabetización, abuelo se enamoró de ella y la vivió como un cubano que llevaba aquel proyecto en el alma. Siguiendo las orientaciones de Fidel de continuar estudiando, fue fundador del sistema de becas como maestro de la Escuela de Instructores de Arte, allí fue profesor de guitarra", eso me cuenta en una tarde de evocaciones Diana Bello Saborit, nieta del músico emblemático de esa primera gesta en la educación cubana.

Unidos en amistad y trabajo, fue el Indio Naborí, el poeta de la Alfabetización, quien lo vinculó a Celia Sánchez y a Mario Díaz, el coordinador de la campaña. Integró, así, la Comisión de Divulgación: "Se requería de un himno y él compuso, letra y música, el de las Brigadas Conrado Benítez. Era un creador productivo y súbito, y en el anfiteatro de Varadero, el Día de las Madres de 1961, cuando el Comandante en Jefe despidió a un grupo de brigadistas, se cantó por primera vez en público".

De Saborit habrá que recordar el periplo de Oriente a Santa Clara con uno de los dos colectivos artísticos que durante la campaña llevaron nuestro el arte a los brigadistas, sin importar zonas intrincadas, comidas al paso, noches de mal sueño en hamacas y escenarios improvisados a la luz de faroles o de la luna cómplice. De esa etapa, el Jilguero de Cienfuegos y Marthica Morejón lo recuerdan como un divulgador de lo cubano, como un hombre cariñoso, dulce, amable, nunca bravo, amigo, compañero a todo riesgo y con una sonrisa permanente en los labios.Diana - a la izquierda - y Pilar, las dos nietas de Eduardo Saborit. La primera, convertida al cabo del tiempo en historiadora del abuelo.

Nacido en Campechuela, desde muy joven integró diferentes grupos musicales. Su primer gran éxito la radionovela Pepe Cortéz, lo llevó a ser contratado por la antigua CMQ.

Fue un hombre de entera confianza de la Revolución. Cuando el ataque mercenario a Playa Girón, apenas unas horas después, Celia Sánchez le encarga a él y a Naborí "tocar con sus manos" lo que allí había pasado para que vinieran luego a contarles a los propios familiares de los brigadistas cómo estaban los muchachos: "Mi abuelo constituyó un ejemplo para la familia, un compromiso con la nueva vida que se abría, un orgullo. Después de muerto, sigue siendo el bastión de su núcleo", eso dice Diana, entonces una adolescente.

En ese febril hacer, en Ciudad Libertad trabajó en el Consejo Nacional de la Alfabetización. Después vino el Congreso, un corte necesario para conocer cómo se iba comportando la gesta de enseñar. En la clausura del evento, en el antiguo teatro Chaplin, hoy Karl Marx, en el segmento artístico se estrenó Despertar, también de la autoría de Saborit e interpretado por Edelia Ferrer. Fidel pidió que se repitiera. Se cantó dos veces.

Y, por fin, la entrada de los brigadistas a la Plaza de la Revolución el 22 de diciembre de 1961. Allí, multiplicada en miles de voces, se coreó la Marcha triunfal de la Alfabetización, más conocida como Cumplimos.

"A partir de la campaña, y ya para siempre, abuelo vistió solamente el uniforme de los brigadistas. No le importó que concluyera aquel hermoso proyecto, se había entregado tanto a él que no quiso separarse de esa ropa. Así lo enterramos, y abrazado el ataúd con las banderas cubana y de la Alfabetización", rememora Diana.

Ese día de duelo, un grande de la música campesina, Ramón Veloz, lo homenajeó con una corona enorme en forma de guitarra. Sus alumnos de la Escuela de Instructores de Arte recogieron flores de los jardines de la institución y conformaron otra, al tamaño original.

"El músico de la Alfabetización", como le llamó el Indio Naborí, fue hombre de entereza vertical. Por dos veces pusieron en sus manos un cheque en blanco. La primera, cuando en la década de los 50 compuso Conozca a Cuba primero y al extranjero después, y la Compañía ESSO quiso utilizarla para su publicidad. Se negó porque, lo que escribía de su Patria, era para ella y no para comercializarse. La segunda, al triunfo de la Revolución los dueños de Publicitaria Siboney quisieron que emigrara a Puerto Rico. En respuesta, viajó al VII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en Viena, y a los países socialistas. De ese periplo nació Cuba qué linda es Cuba.

Al cabo del tiempo, Diana y Pilar — la otra nieta —, tienen pesares: "Su música hoy no es suficientemente difundida y es muy triste que la obra de un hombre como él, patrimonio del país, se vaya apagando. ¿Y quiere que le diga algo: letras como Sin banderas, Cuida tu Patria, Niño cubano y Mi escuelita, tienen hoy total vigencia", recalca Diana, convertida al cabo en historiadora del abuelo.¿Y cuál es tu alegría?, pregunto al final de un rápido repaso por la obra de Eduardo Saborit en la Campaña de Alfabetización: "Doy gracias a la vida por dos cosas: haber sido nieta de ese hombre inmenso, y por ser yo misma abuela. Esas han sido mis grandes oportunidades, mis sentimientos más puros".





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