Cuba

Una identità in movimento


Otros poemas de Mario Quiroga Fernández

Mario Quiroga Fernández


    OTRA VEZ

      Ermitaña y arisca,
      Como el ave que no se deja tocar,
      La ola no pudo
      Despertar tu historia vieja,
      Recuperar tu mirada perdida.

      Cambiaste tu rumbo un día,
      Al escuchar las voces
      De aquellos que decían:
      Mírenla, vuelve a la vida.

      Por unos ojos negros,
      Dejaste atrás tu pasado
      Sin saber si ganarías,
      Una estrella, o el descanso.

      Juraste quererlo un día,
      A cambio de su verdad.

      Le regalaste tus sueños,
      A un marino sin puerto,
      Que te llevó a ver el mar,
      Allí te besó en los labios
      Y te arrancó el dolor.

      Dejaste la soledad,
      Te convirtió en su reina sin trono,
      Y con un solo remo navega
      Como la roca que se deshace,
      Al mojar tu cuerpo con locuras de placer.

      Al bajar la marea,
      Mira al cielo, a su lado,
      Y vendrán las gaviotas,
      A arrodillarse a tus pies.


    LA FUENTE

      Quieres rosas sin espinas,
      Besar y no sentir amor,
      Y que te quieran más.

      Ni siendo mago
      Lo lograrás.
      Deja tu manantial
      Para sedientos,
      Para flores sin rocío,
      Para perros sin amo,
      Para pichones sin nido.

      Vuela sobre el vientre del placer,
      Apura el vino.
      Alcanza el borde de la fuente,
      donde se ama
      La presa, sin aullidos,
      Sin ofrendas...


    MI DUEÑA

      Corazón de hielo,
      Sueños de conquista,
      Llamarada en la piel,
      Rogaste ser un señuelo,
      Y... tímida emperatriz,
      Serás un hada, o señora,
      O una liebre perdida.

      Tendrás la suerte,
      De un día rozar,
      Con mi agua fresca y serena.

      Ruge el león,
      Por ti, por tu selva...

      Deja caer tu cuerpo,
      Por la canal de la vida,
      Donde te espera.
      Tu hombre.

      El que te sueña despierto,
      Donde calentarás tu pecho,
      Después del intenso invierno.


    JUGAR CON FUEGO

      Navego contra la corriente,
      Soy perro de caza y hombre
      Sin freno, me amordacé y no tengo
      Como escapar de mi propia red.

      Loca de pasión, buscas al macho
      Que te prometió, el sexo descalza.
      Muy cerca está, apenas a unas brazas,
      Todo por pensar en planes perfectos...
      Su mordida es como sombra al árbol.

      Voy a huir al mangle,
      Voy a enterrar las cartas,
      Dormiré en el fango, con los alacranes.
      Pero líbrame noche, de esa hembra ancha
      Que quiere besarme.

      Ya libre de este amor,
      Nunca más imploraré un milagro,
      Prefiero morir que decir te quiero,
      A la dama insomne.

      Pediré perdón a los duendes blancos
      Solo que si me esconden
      Del triste fantasma.


    AGUAS TURBIAS

      Pillo y absurdo rufián,
      Saltas al río sin saber bracear,
      Todo por alcanzar un trozo de papel.
      Las aguas turbias te arrastran,
      A la cascada, cielo gris.
      Pierdes la sonrisa al caer.

      Perdón al amor, paciencia al lamento,
      Ya sabes mentir pero no sufrir,
      Fuerzas de un tigre, vencedor del placer,
      Entrégate al fuego y deja quemar,
      Tu dura mirada, la que ayer creíste
      De conquistador.

      ¿Qué quieres ahora, el sol en tu mano?
      Si llevas muy dentro un huracán sin dueño,
      Extraviaste el rumbo, por loco y perverso
      Y ahora mira lejos, la hermosa gaviota,
      Se lleva tu alma, sin estar tú muerto...
      Aprende de una vez: se ama o se pierde.


    OCÉANO DE DOS AGUAS

      Foto: Marié Rojas TamayoContemplando el mar azul,
      La ola moldeó una figura
      Que voló hacia mí,
      Cual gaviota encantada.

      Me pidió mis labios,
      Y una sonrisa
      Dibujó a lo lejos, con las nubes claras.

      Dividí el océano como una manzana...
      Puse la alegría en la espuma blanca
      Sobre grises aguas reposé mis penas.
      La tarde se iba... Sin decirme nada.

      Sumergí mis manos en las aguas mansas,
      Burbujas oscuras brotaban del fondo,
      Tocaban mi rostro, mas no me inmutaba.

      El sol y la luna ya se encontraban,
      Jugando conmigo entre las dos aguas,
      Veía a mi gaviota, como se marchaba...

      Tomando una piedra en forma de ala,
      La puse en mi pecho,
      Y escuché sus voces:

      Foto: Marié Rojas Tamayo¿Por qué no la amas?
      Ahora es un ave que llora en silencio,
      Vuela en la noche sin cielo,
      Mas es una joven, dormida,
      Que sueña encontrarte.

      Entregué a la roca,
      Un poco de amor del que me quedaba

      Mi mirada se perdió a lo lejos...
      El ave de espuma, volando escapaba.




Cuba. Una identità in movimento

Webmaster: Carlo NobiliAntropologo americanista, Roma, Italia

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