Cuba

Una identità in movimento


Revolución y democracia

Jorge Navarro Torres


En el largo y difícil proceso de la nacionalidad cubana, una original tradición de democracia tuvo su punto inicial el 10 de abril 1869 en la localidad de Guáimaro, perteneciente a la provincia de Camagüey, situada a más 500 kilómetros de La Habana.

Se necesitarían casi 100 años para ver fructificar los sueños de los próceres de la Patria.

Tras lo valientes levantamientos en armas ocurridos en las zonas camagüeyana, de Oriente y Las Villas, provincias de la antigua división política administrativa del país, representantes de aquella lucha se reunieron para aprobar un frente único contra el régimen colonial español.

Junto a Carlos Manuel de Céspedes, quien primero se levantó a la lucha estaban jóvenes como Ignacio Agramonte y Loynaz y Antonio Zambrano quienes fueron inspiradores de aquel singular proceso.

Por esos años Cuba era una de las pocas regiones en el continente americano que aún permanecían atadas a la metrópoli, de ahí que las fuerzas más avanzadas del pensamiento independentista en la Isla marcharen a la manigua redentora en un esfuerzo por librarse del pesado yugo de dominación.

En Guáimaro se dieron cita aquellos que el 10 de octubre de 1868 se pusieron en pie de lucha, que aquel entonces eran mayoritariamente hombres provenientes de la clase adinerada, pero dispuestos a abandonar comodidades y riquezas a cambio de la libertad para el país.

En esas condiciones hace 137 años surgió la primera Constitución de una República en Armas, texto que expresaba el espíritu de unidad e igualdad con el cual comenzaba a formarse el alma de la nación.

Sobresale la forma en que se enfrenta aquella situación, pues se legisló no sólo en relación con la continuidad de la guerra, sino también, acerca de la vida civil y la organización de la sociedad, dotándola de instrumentos legales adelantados para la época.

Con respecto al carácter democrático de aquel gesto el Héroe Nacional José Martí señalaría:

    "En Guáimaro la Asamblea va a la plaza pública, para dar cabida a todos los que quisieran, y ahí encontramos otra tradición cubana: la participación de la gente más allá de sus representantes".

Ese apegó a los valores de respeto a la democracia quedaría sembrado en lo más hondo del pueblo y se convertiría en aspiración de justicia social durante más de un siglo hasta el triunfo definitivo de la Revolución el Primero de enero de 1959.

Por esa razón Ricardo Alarcón de Quesada, actual presidente de la Asamblea Nacional del Poder popular expresaría:

    "Aquellos patriotas crearon un sentido ejemplar de respecto a las instituciones y normas que ellos se dieron, incluso hasta en los peores momentos o errores, como lo fue la destitución de Céspedes, quien acata la decisión sin oponerse. Aun en ese desenlace extremo, ni el Padre de la patria, ni a nadie se le ocurrió quebrar la unidad revolucionaria".

Más adelante el titular del parlamento cubano dijo:

    "En Guáimaro se reitera el concepto cespedista desde el inicio de La Demajagua, la Revolución no podía ser sino una revolución social, profundamente radical. No bastaba con liberarse de España era preciso demoler el régimen esclavista".

La Asamblea Constituyente de Guáimaro, es acontecimiento sublime y trascendental en la historia del país, con una decisiva influencia en el devenir de la Revolución en la Isla.

Los hombres y mujeres de esos tiempos tuvieron la acertada visión de forjar una nación apegada a la democracia, que con independencia a los errores funcionales que tuviera en la forma de hacer la guerra, es hoy junto a la unidad indestructible de todo el pueblo, uno de los pilares esenciales que fortalece el Estado Cubano de obreros y campesinos y demás sectores sociales.


    30/5/06





Página enviada por Jorge Navarro Torres
(2 de junio de 2006)


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