Cuba

Una identità in movimento

Wifredo Lam: La Cosecha de un brujo

Nelson Herrera Ysla



28 de Septiembre, 2004


En Cuba se han publicado libros cuyo fin viene a ser algo así como una valoración múltiple de un determinado autor, literario casi siempre aunque hayan sido dedicados también a otros creadores de la cultura, por supuesto. La Casa de las Américas instituyó, hace ya más de 30 años una valiosa Colección con este significativo título (subrayado en negritas) mientras la UNEAC, por igual fecha, o quizás antes, había inaugurado la suya con el nombre de Órbita, con características similares.

No sé si existen otras instituciones a cuyo cuidado esté tal empresa, más que necesaria y justificada en el ámbito nacional, ideada para justipreciar la vida y la obra de personalidades que han ocupado un espacio inmenso en el panorama de la cultura contemporánea, acá y más allá de nuestras fronteras.

Tomando en cuenta quizás tales antecedentes editoriales y luego de años investigando, en el año 1989 el investigador cubano José M. Noceda, miembro del equipo de especialistas del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, terminó una antología que tituló Evocación múltiple de Wifredo Lam, que a lo largo de sus 10 capítulos, incluía 133 textos pertenecientes a 114 autores, cubanos y extranjeros, analizaba la vastedad de una de las vidas y obras más atrayentes de las artes visuales en Cuba. No fue sino 13 años después que José M. Noceda logra al fin ver hecha realidad aquel resultado de varios años de investigación y estudio con la publicación, por la Editorial Letras Cubanas, de Wifredo Lam. La cosecha de un brujo, cuyo título remite a una serie de malentendidos e incomprensiones epocales surgidos casi en el mismo lugar donde acostumbraba a pintar en su casa de Marianao y que lo asociaron entonces y después, incluso en los Estados Unidos, con la figura del demonio, convertido hoy, por la gracia de su rigurosa obra, en una de las principales figuras del movimiento surrealista y de la cultura tercermundista y universal, sin lugar a dudas.

El voluminoso libro de 648 páginas abarca una variedad de textos escritos desde 1939 hasta entrada la década de los 90 y surgió de una exhaustiva selección de cientos de textos aparecidos en revistas, periódicos, libros, catálogos. La labor resultó altamente compleja, pues pocos artistas en el mundo contemporáneo motivan tanta disparidad de criterios y enfoques debido a las naturales dificultades de interpretar una obra cuyas referencias simbólicas y culturales, en general, remiten a innumerables contextos artísticos para los que hay que estar bien preparados y equipados con el fin de decodificarlos.

Sobre Wifredo Lam vertieron su pensamiento intelectuales cubanos notables como Fernando Ortiz, Alejo Carpentier, Lydia Cabrera, Jorge Mañach, Marcelo Pogolotti, Guy Pérez Cisneros, Graziela Pogolotti, Adelaida de Juan, Mirta Aguirre; escritores como Nicolás Guillén, Edmundo Desnoes, Virgilio Piñera, José A. Baragaño; críticos y estudiosos como Antonio Núñez Jiménez, Desiderio Navarro, José Veigas, Gerardo Mosquera, Juan Martínez, en el ámbito nuestro, junto a otros nombres de intelectuales extranjeros que sería imposible listar aquí aunque me gustaría mencionar algunos por su innegable significación: André Breton, Benjamin Péret, Alain Jouffroy, Aimée Cesaire, Edouard Glissant, Marta Traba, y le dedicaron poemas, entre otros, Gherasim Luca, Tristan Tzara, Michel Leiris, Lasse Söderberg, Joyce Mansour, Pablo Armando Fernández.

La cosecha de un brujo tiene 7 capítulos dedicados a "Lam en España", "El surrealismo y la Escuela de París", "El antillanismo ecuménico", "Las lecturas del símbolo", "La Jungla y la consagración definitiva", "Páginas sueltas" y "La palabra de un pintor", donde aparecen textos escritos en los '40 ó los '90, mezclados y ubicados sus autores, orgánicamente, a partir del asunto específico tratado.

Las monografías sobre su obra sobrepasan la treintena en varios idiomas, además de libros, y los artículos sobre algún aspecto de su vasta carrera oscilan alrededor de los 400, sin contar, además las entrevistas, lo cual queda consignado en un "Anexo" del libro que incluye, además, una exhaustiva Cronología del artista.

Como bien señala José M. Noceda no ha sido propósito del libro "abarcar en un solo compendio todo lo publicado acerca de Lam", sino más bien el de "configurar una compilación muy heterogénea de raíz historicista, fundamentada en el entrecruce de algunas crónicas puntuales de exposiciones, de los artículos en periódicos, de algunos capítulos extraídos de monografías o de los ensayos voluminosos de fechas recientes" para ofrecer "una lectura abierta" al público interesado en comprender algunas claves de este artista universal.

Aunque me gustaría en otro momento comentar ciertos aspectos de la obra de Lam, a pesar de esta inquietante publicación que, por momentos, nos deja apabullados ante el caudal de información existente hoy ya sobre él, no quisiera dejar pasar la oportunidad para referirme al trabajo realizado por el investigador y crítico José M. Noceda, quien ha visto coronado así un esfuerzo de casi 15 años de trabajo, pues recuerdo sus primeras incursiones en el mismo allá por el año 1987 cuando pudo viajar a Francia en busca de fuentes documentales originales y las primeras respuestas a las tantísimas preguntas que recién comenzaba a hacerse, y a hacernos algunos de nosotros, en el Centro de Arte Contemporáneo donde trabajamos juntos y que lleva el nombre del pintor.

Desde entonces no ha descansado en su esfuerzo por recopilar nuevas informaciones sobre Lam ni de escribir luego de nuevas aproximaciones que él mismo ha hecho en torno a esta importante personalidad de la cultura contemporánea, lo cual lo convierte en uno de sus más agudos estudiosos, sino el más, en estos momentos (ni por asomo, deseo aclarar, esta aseveración debe entenderse como una exageración de mi parte).

Su proverbial modestia le jugó una mala pasada en esta ocasión pues recuerdo muy bien su texto sobre la influencia de Haití y su cultura popular-religiosa en la obra de Lam, luego de su paso por aquella nación al filo de la década del 40, leído como conferencia y publicado posteriormente en revistas especializadas y el cual no se atrevió a incluir en el presente volumen.

José M. Noceda, comprometido con la vida y la obra del artista cubano más importante de toda nuestra historia, se ubica de lleno, y con toda propiedad, en la nómina de los estudiosos en el terreno de las artes visuales en Cuba, en la que se encuentran Guy Pérez Cisneros, Marcelo Pogolotti, Adelaida de Juan, Yolanda Wood, Alejandro G. Alonso, Graziela Pogolotti, Juan Sánchez, Jorge Rigol, Oscar Morriña, Luz Merino Acosta, José Veigas, y más recientemente Jorge Bermúdez, David Mateo, Dannys Montes de Oca, y otros jóvenes que ya comienzan a incursionar en este complejo panorama.

Wifredo Lam. La cosecha de un brujo se inscribe en la lista de los libros indispensables si deseamos conocer todas las facetas de un artista excepcional del siglo XX. Es una profunda incitación al análisis y la reflexión que afortunadamente podemos luego confrontar con la realidad de las obras de arte al visitar la sala especial dedicada a sus lienzos y papeles en el edifico Arte Cubano del Museo Nacional de Bellas Artes. Privilegio como pocos en el mundo.


Fuente: Cubarte



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